Doña Lagarta

Mientras conduzco recuerdo el pasado sábado, no es que quiera hablar de ese día, pero todo empezó ahí.

Estuvimos haciendo el cabra unas siete horas entre barranco y barranco, y la verdad es que pillamos unos cuantos y buenos peces, algunos dignos de recordar.

Terminamos pronto a eso de las cinco, pero rotos por el esfuerzo. Tomando unas cervezas decidimos descansar un poco y echar el sereno en un rio “cercano”.

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La hora larga de coche se nos hizo interminable, así que al llegar dejé a Victor en un lugar facilón y yo con la excusa de “explorar”, me marché a  un lugar muy poco accesible con el propósito de pegarme una buena siesta. Encontré mi lugar junto al rio, en una tabla interminable, frente a unos troncos y ramas sumergidos. Y allí caí rendido, me pareció haber dormido horas, cuando mi reloj apenas indicaba que habían pasado veinte minutos, pero ese rato me dio la vida, me encontraba perfecto. Retozaba como un gato entre la hierba, intentando estirarme, cuando la ví frente a mi.

Al principio me pareció como un palo que se desprendía del resto, pero el “palo” se movía, se desplazaba zigzagueante, como vigilando sus dominios, contoneándose con poderío y lentitud. Perplejo la vi pasar junto a mí e inmóvil admiré su lomo negro interminable mientras se alejaba hacia el cabecero cercano.

No daba crédito, era una gran Arco Iris, debería tener al menos tres o cuatro años de río, quizás más, superviviente de las antiguas repoblaciones, y probablemente uno de los pocos ejemplares que se habrían adaptado a este lugar abrupto y peligroso.

Entré lentamente al rio, con miedo de que me viera y con la esperanza de al menos poder tirarle. Sé que andaba lejos, pero poco a poco me acerqué, no  la veía, pero desgraciadamente una pequeña fario que espanté nadó veloz aguas arriba y me delató. Al poco la vi bajar, ella tambien me vió y lejos de asustarse, pasó por  mi lado como si ignorara mi presencia, aceleró un poco su paso y  serpentando se perdió entre las ramas. Vaya Lagarta!!! pensé.

Hoy he decidido volver, y volver sólo a por ella. Lo sé casi todo , y sé qué, como y donde le tengo que atacar. Llevo una semana repasándolo a cada instante que consigo relajarme.

He llegado al rio, y he bajado dando una gran vuelta para entrar bastantes metros detrás. No conozco el rio por aquí, la verdad es que me gusta y me sorprende.

Cuando empiezo todo parece torcerse, tras de mi un gran cumulo-nimbo se desarrolla sin piedad, y aunque la tormenta se va a quedar rio abajo, el viento arremolinado y brutal, no me deja pescar. Si alargo el bajo, me lo enreda, si lo acorto me draga la mosca. Me cag… en el viento de los coj…!! . A pesar de ello consigo sacar unas cuantas farios, cinco peces preciosos, alguna de unos treinta centímetros, que me hacen el rato más llevadero.

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Ya estoy llegando a su lugar.Sé que es la hora. Despacio me pongo a la altura de su cueva y reviso lentamente cada centímetro de ramas y claros. No está. Bien, pienso, tiene que estar arriba entonces. Salgo del rio  para evitar al maldito “despertador” y agachado me acerco desde la orilla. Miro y no la veo, el principio del cabecero está limpio, así que avanzo un poco y sorpresa!! allí está, SÍ!! la veo!!.

Me quedo unos minutos observandola. A medias aguas ninfea  tranquilamente, a veces sube y llega casi a romper la superficie, está bajo un arbol pero no es un lance difícil. El viento se ha parado,es mi momento. Mi mosca vuela, alta, se posa perfecta…. y sube, sube lenta y lenta la coge, la dejo comer y clavo, lo he hecho bien, lo sé!!! y en instante todo se transforma, de una arrancada me ha sacado diez metros de línea, y salta. Toda fuera del agua me recuerda un salmón, plateado y bestial, el ruido que hace al caer me impresiona, aunque ha arrancado al sitio equivocado. Ella se ha dado cuenta y se dirige rauda a la orilla, la sujeto bien y vuelve a saltar, impresionante, la vuelvo a sujetar y como desafiante viene hacia mí, parece que me examina y de pronto se descuelga como un torpedo rio abajo, pero el rio me da ventaja y corriendo por la orilla consigo ponerme debajo, no tiene más remedio que volver al cabecero, cabreada vuelve a saltar. Ya sé que es mía, es cuestión de tiempo, unas pocas carreras más terminan con ella en mi sacadera.

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No doy credito, ¡casi no cabe!, es un pez excepcional, es tremenda para estar asilvestrada, y me ha deparado una lucha impresionante.

La repaso y veo que está perfecta, debe llevar mucho tiempo en el rio, quizás sea la unica superviviente de su especie, menuda lagarta!!!.

Pienso en matarla, ella no debería estar aquí, pero sé que es un ejemplar único y no  me canso de admirarla. Mientras la oxigeno mi conciencia se debate, pero mi mente no me da opción, sigo preparándola y cuando se marcha, me rio de mi mismo y exclamo alto y fuerte “…uyyy se m’ascapao!!”

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Espero que Doña Lagarta viva unos cuantos años más. Que sea capaz de sobrevivir en este medio hostil y peligroso. Y espero, si lo tiene  a bien, que me dedique unos pocos minutos de su tiempo el año próximo, prometo no volver a visitarla hasta entonces. Mientras tanto quedará en mi memoria como un adversario inolvidable.

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